¿Qué está pasando en Cataluña? Revueltas populares y lucha de clases

Foto hecha por Óscar Corral

En la era de la información, la propaganda y las mentiras son lo más habitual. Internet, que puede parecer horizontal, no lo es en absoluto. Las grandes corporaciones, con conocimientos y dinero, son capaces de hacer aparecer en tu pantalla lo que quieran. Otras páginas con contenido relevante, como alasbarricadas.org, sufren la censura en plataformas tan poderosas como feisbuk.

No estando en un lugar ni teniendo contactos directos con esa realidad puede ser muy difícil encontrar información fidedigna. Sin conocer el entorno, la historia, las personas implicadas; es muy difícil entender. Si además a eso le sumamos la repetición constante de falacias y escasas herramientas metodológicas y conceptuales, encontramos caldo de cultivo para los fascistas y sus explicaciones simplistas. El objetivo de estos párrafos es refutar, al menos, dos de sus ideas principales.

Ciertamente consideramos que sobre los sucesos de lo que suelen llamar «independentismo» hay algunos mitos que es necesario desenmascarar. El primero es ese, el de reducirlo a «separatismo«. Lo que está en juego es la República (en el sentido francés o de 1931 en la península ibérica, no en el sentido estadounidense). Varios de los líderes o voceros, pertenecientes a Esquerra Republicana de Catalunya, lo han expresado de forma clara, el propio nombre del partido también lo hace. Es antes un proceso republicano, anti monárquico y antifascista, que un tema de nacionalismo estúpido e irracional, como lo tratan de vender los grandes medios de comunicación. Comités de Defensa de la República. La bandera de la II República con el lazo amarillo en la manifestación madrileña en apoyo a la sentencia judicial. Las señales son claras.

Las cosas nunca son blancas ni negras y en las minorías (en relación al poder, no necesariamente porque sea un número pequeño de personas) hay muchísimas diferencias. Los grupos a favor de poder decidir la forma de gobierno son heterogéneos y la referencia más cercana son los grupos que lucharon contra el fascismo en los años 30 del siglo pasado.

Que el conflicto no deba reducirse al tema de la separación no niega que se está cuestionando que el centro del poder político sea Madrid, faltaría más. La descolonización (también) es necesaria en Europa.

La segunda falacia que vamos a explicar es sobre la causa de la violencia. Comúnmente escuchamos que es provocada por extremistas radicales o policías (infiltrados). Esa visión nos oculta la parte más importante de la violencia.

Johan Galtung ha dedicado muchos años de su vida a investigar los conflictos sociales, la violencia y la paz. Ha llegado a algunas conclusiones muy interesantes y útiles. Hay dos conceptos esenciales: el triángulo de la violencia y la diferencia entre paz positiva y paz negativa.

El triángulo de la violencia es como un iceberg, en la parte superior está la violencia directa, esa que es visible y de la que todo el mundo habla. Las bases de ese iceberg, que resultan imprescindibles para lograr la paz positiva, son la violencia estructural, las estructuras que impiden a cubrir sus necesidades a una parte de la población; y la violencia cultural, el marco ideológico que legitima esa violencia, justo donde tratamos de incidir con estas líneas, en las actitudes. Aunque somos conscientes de que la violencia más importante, más fuerte, es la violencia estructural. Ahí es donde más necesitamos acción, y para eso hace falta poder.

Dicho de otro modo, la violencia directa forma parte de conflictos en los que parte de la población es violentada, carece de los derechos básicos como alimentación, vivienda, libertad; además, sufre la actitud de la otra parte de la población. En particular, es el precariado excluido de la fiesta de la opulencia quien sufre constantemente violencia estructural y cultural y, en muchísimas ocasiones, directa. Muy pocas veces, y con un gran riesgo (cárcel, palizas, multas…) ejerce violencia directa contra representantes de las instituciones que lo oprimen y explotan. Ese precariado sufre más violencia cuando es mujer, cuando es inmigrante, cuando proviene de familias con menos recursos, o cuando tiene una orientación sexual disidente.

Las cantidades de dinero que se llevan los sicarios del capital, sus verdugos, sus representantes y quienes les hacen los trapos sucios, es violencia estructural. El desempleo, la explotación, la monarquía y las propiedades de la Iglesia católica, también. La DESIGUALDAD social es violencia estructural. Las actitudes homófobas, xenófobas, machistas, fascistas y racistas, son violencia cultural.

La dictadura franquista impuso una paz negativa, que no se caracteriza por la ausencia de conflicto, sino por el ocultamiento de la violencia directa (reprimida al máximo, excepto la usada por el régimen claro). Para lograr una paz positiva, la verdadera ausencia de violencia que todas deseamos, es necesario acabar con la violencia estructural y cultural. Por eso las revueltas populares y los disturbios son lucha de clases, porque las oprimidas resistimos y pedimos, a gritos, justicia.

Nos morimos

Estamos en guerra. La vida vs El Capital. Los recursos vs Los propietarios.

¿Quiénes ganan y quiénes pierden?

Ahí están los bandos.

La vida es literalmente un infierno para la mayoría de la población. En la parte opulenta del mundo no podemos limitarnos a cambiar nuestros hábitos de consumo. Nuestro consumo está determinado por la oferta existente en mercados construidos políticamente. Si compramos cosas baratas es porque somos pobres, no porque no nos importe la ecología. Es un engaño falaz responsabilizar a los individuos del desastre climático. Es parte de la ideología neoliberal que debemos desenmascarar. Las responsables son grandes empresas y corporaciones transnacionales.

Es necesario intervenir directamente limitando la avaricia del Capital. El mundo no puede permitirse continuar en el delirio del crecimiento ilimitado.

La vida se agota a pasos agigantados. La destrucción es cada vez más rápida. Y no podemos hacer mucho más que solidarizarnos con las personas damnificadas (que somos todas, aunque algunas más), boicotear a los responsables, y luchar por la justicia.

¿Importan las «elecciones» (votaciones en «democracias» representativas)?

Los medios de comunicación de masas nos invaden constantemente con imágenes de líderes de partidos políticos, nos muestran sus trifulcas, acuerdos y desacuerdos como si nuestra vida dependiese de ellos, pero… ¿es cierto?

Si tienes la suficiente memoria tú mismx podrás contestar a la pregunta, los sistemas políticos occidentales, para asegurarse apoyo popular, rotan a los representantes, por lo que ya habrás podido ver gobernar a los de un color y a los del otro, ¿encuentras diferencias?

Lo habitual es que haya dos partidos hegemónicos, uno más de «izquiedas» y otro más de «derechas», que se turnan el poder contentando a la población del «centro» y descalificando a los que no se identifican: los «extremistas» o «radicales». Aunque la verdad es que el desempeño de esos dos partidos es tan evidentemente nefasto que, ligado a los cambios generacionales de la población en general, periódicamente tienen que hacer aparición nuevos liderazgos, como Morena o Podemos. ¿Son realmente diferentes?

En términos económicos no hay diferencias significativas: gobierna la banca y las grandes empresas. Es en temas sociales donde tratan de diferenciarse, usan los medios (y otras herramientas, como organizaciones aparentemente independientes) para posicionar en la agenda pública los asuntos que les interesan y, partiendo de ello, tratan de dividir y motivar a los electores; estamos hablando básicamente del trato a los grupos más desfavorecidos: migrantes y minorías sexuales, aunque pueden ser diferentes temas en las diferentes geografías, cuestiones nacionalistas/indigenistas también son recurrentes. Normalmente a la derecha le importan muy poco, suelen tener una base moral cristiana (de lo peor del cristianismo) y nacionalista – imperialista, en lugar de políticas prefieren la caridad. La «izquierda» en ocasiones utiliza esos grupos para aumentar su base electoral, sea directamente con el colectivo o sea con quienes se solidarizan con tal colectivo, así ha hecho el PSOE con el movimiento gay y partidos populistas latinoamericanos con la cuestión indígena. Ahora bien, ¿qué opinan estos colectivos de ello? es una respuesta difícil pues nadie puede hablar en nombre de tanta gente y, además, hay heterogeneidad en las respuestas. Por ejemplo, muchísimas personas se alegran de la normalización que supone el matrimonio homosexual, la pérdida de estigma que genera; pero también muchísima se queja de que la institucionalización ha transformado reclamaciones de calado en una homogeneización de la población. Explicaré un poco mejor este punto: si la disidencia sexual significaba una crítica a la familia, al patriarcado y al capitalismo, una crítica radical que buscaba un cambio revolucionario, nuevas formas de relacionarnos, diferentes; el matrimonio homosexual significa la igualdad entre la familia tradicional cristiana y la homosexual, al ser asumidos por el sistema sus ganancias se quedan en beneficios fiscales equivalentes a la familia heteropatriarcal e identidad controlada, en vez de haber cambiado el juego, han empezado a jugar. Lo diferente se vuelve diverso. El sistema destruye lo que le podría significar replantearse sus bases y copta lo que le sirve.

Con las cuestiones nacionalistas/indigenistas sucede algo similar, propuestas que comienzan siendo radicales, como tener un centro político propio y dejar de obedecer a la metrópoli, acaban siendo institucionalizadas en un ligero aumento del presupuesto, privilegios fiscales, algún gesto simbólico… y la rueda del Capital sigue aplastando a la clase trabajadora mientras ésta se pregunta qué bandera le gusta más.

Entonces, ¿para qué sirven las elecciones? sin duda para relegitimar el circo, la barbarie, muchas veces con tu voto. Sirven para simular que la población tiene algún poder, que podemos elegir. Pero no es verdad. Si conocemos la historia del Capital sabemos que esos señores encorbatados no tienen más poder que los dueños del Banco Santander, del BBVA o de Inditex. No sólo no tienen más poder, sino que trabajan para ellos y le hacen precisamente el trabajo más sucio: las guerras, las leyes laborales… Estos politicuchos son títeres que sufren estrés por la exposición a un público que, en gran parte y de forma lógica, le es fuertemente hostil (puedes ver fotos de Obama antes y después de ser presidente para ver el desgaste). Los que de verdad mandan viven lejos de los focos.

No importan mucho las elecciones, importa más lo que hacemos cada día.

Por ello, votes o no, no es muy relevante. Sirves para legitimarlos, pero sino lo hacen de ese modo lo harán de otro, y aunque no tengan legitimidad tampoco dejarían de tener el poder.

En fin, si quieres votar, tápate la nariz y no te creas que vas a lograr ningún cambio significativo.