¿Importan las «elecciones» (votaciones en «democracias» representativas)?

Los medios de comunicación de masas nos invaden constantemente con imágenes de líderes de partidos políticos, nos muestran sus trifulcas, acuerdos y desacuerdos como si nuestra vida dependiese de ellos, pero… ¿es cierto?

Si tienes la suficiente memoria tú mismx podrás contestar a la pregunta, los sistemas políticos occidentales, para asegurarse apoyo popular, rotan a los representantes, por lo que ya habrás podido ver gobernar a los de un color y a los del otro, ¿encuentras diferencias?

Lo habitual es que haya dos partidos hegemónicos, uno más de «izquiedas» y otro más de «derechas», que se turnan el poder contentando a la población del «centro» y descalificando a los que no se identifican: los «extremistas» o «radicales». Aunque la verdad es que el desempeño de esos dos partidos es tan evidentemente nefasto que, ligado a los cambios generacionales de la población en general, periódicamente tienen que hacer aparición nuevos liderazgos, como Morena o Podemos. ¿Son realmente diferentes?

En términos económicos no hay diferencias significativas: gobierna la banca y las grandes empresas. Es en temas sociales donde tratan de diferenciarse, usan los medios (y otras herramientas, como organizaciones aparentemente independientes) para posicionar en la agenda pública los asuntos que les interesan y, partiendo de ello, tratan de dividir y motivar a los electores; estamos hablando básicamente del trato a los grupos más desfavorecidos: migrantes y minorías sexuales, aunque pueden ser diferentes temas en las diferentes geografías, cuestiones nacionalistas/indigenistas también son recurrentes. Normalmente a la derecha le importan muy poco, suelen tener una base moral cristiana (de lo peor del cristianismo) y nacionalista – imperialista, en lugar de políticas prefieren la caridad. La «izquierda» en ocasiones utiliza esos grupos para aumentar su base electoral, sea directamente con el colectivo o sea con quienes se solidarizan con tal colectivo, así ha hecho el PSOE con el movimiento gay y partidos populistas latinoamericanos con la cuestión indígena. Ahora bien, ¿qué opinan estos colectivos de ello? es una respuesta difícil pues nadie puede hablar en nombre de tanta gente y, además, hay heterogeneidad en las respuestas. Por ejemplo, muchísimas personas se alegran de la normalización que supone el matrimonio homosexual, la pérdida de estigma que genera; pero también muchísima se queja de que la institucionalización ha transformado reclamaciones de calado en una homogeneización de la población. Explicaré un poco mejor este punto: si la disidencia sexual significaba una crítica a la familia, al patriarcado y al capitalismo, una crítica radical que buscaba un cambio revolucionario, nuevas formas de relacionarnos, diferentes; el matrimonio homosexual significa la igualdad entre la familia tradicional cristiana y la homosexual, al ser asumidos por el sistema sus ganancias se quedan en beneficios fiscales equivalentes a la familia heteropatriarcal e identidad controlada, en vez de haber cambiado el juego, han empezado a jugar. Lo diferente se vuelve diverso. El sistema destruye lo que le podría significar replantearse sus bases y copta lo que le sirve.

Con las cuestiones nacionalistas/indigenistas sucede algo similar, propuestas que comienzan siendo radicales, como tener un centro político propio y dejar de obedecer a la metrópoli, acaban siendo institucionalizadas en un ligero aumento del presupuesto, privilegios fiscales, algún gesto simbólico… y la rueda del Capital sigue aplastando a la clase trabajadora mientras ésta se pregunta qué bandera le gusta más.

Entonces, ¿para qué sirven las elecciones? sin duda para relegitimar el circo, la barbarie, muchas veces con tu voto. Sirven para simular que la población tiene algún poder, que podemos elegir. Pero no es verdad. Si conocemos la historia del Capital sabemos que esos señores encorbatados no tienen más poder que los dueños del Banco Santander, del BBVA o de Inditex. No sólo no tienen más poder, sino que trabajan para ellos y le hacen precisamente el trabajo más sucio: las guerras, las leyes laborales… Estos politicuchos son títeres que sufren estrés por la exposición a un público que, en gran parte y de forma lógica, le es fuertemente hostil (puedes ver fotos de Obama antes y después de ser presidente para ver el desgaste). Los que de verdad mandan viven lejos de los focos.

No importan mucho las elecciones, importa más lo que hacemos cada día.

Por ello, votes o no, no es muy relevante. Sirves para legitimarlos, pero sino lo hacen de ese modo lo harán de otro, y aunque no tengan legitimidad tampoco dejarían de tener el poder.

En fin, si quieres votar, tápate la nariz y no te creas que vas a lograr ningún cambio significativo.

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